El pastel de carne con calabaza es un plato típico de la región andina. Es un delicioso plato que lleva horas de preparación super tierno y jugoso por dentro con un toque crujiente que la da el crumble de pipas.

Esta receta es mi particular homenaje a dicho plato, en el que adapto el pastel salado a una versión reducida y bastante más dulce.

Los vasitos constan de 3 texturas diferentes: una caramelizada, otra en crema y una textura crujiente como topping.

Región: Sudamérica
Servicios: 14 vasitos pequeños, tipo degustación, o 6 más grandes para una ración de postre.
Dificultad: Media
Tiempo: 30 minutos

Ingredientes

Textura caramelizada

  • 100 gr de azúcar
  • 100 gr de pulpa de calabaza asada sin pipas
  • 20 gr de mantequilla

Pon el azúcar en un cazo y cuando empiece a licuarse por el calor, añade la pulpa de calabaza bien escurrida. Deja a fuego suave durante 8 o 10 minutos dando vueltas de vez en cuando. Añade la mantequilla y deja que se derrita. Remueve la mezcla, separa del fuego y reserva.

Textura crema

  • 150 gr de pulpa de calabaza asada bien escurrida
  • 250 gr de queso mascarpone
  • 75 ml de leche condensada
  • 50 ml de leche

Tritura la pulpa de calabaza con la leche condensada y la leche hasta que quede una crema fluida. Añade el queso mascarpone mezclando con varillas o con espátula, sin batir, pues se corta fácilmente. Mete en una manga pastelera con boquilla rizada ancha y reserva en la nevera.

Tip: Puedes usar esta crema como Cheese Cream de calabaza para cubrir cupcakes o una tarta. Queda muy firme; no es muy dulce pero sí deliciosa. 

Textura crujiente (Crumble de calabaza con sus pipas)

  • 50 gr de azúcar moreno
  • 50 gr de mantequilla
  • 70 gr de harina
  • 30 gr de pulpa de calabaza asada bien escurrida
  • Un puñadito de pipas de calabaza peladas

Pone en un cuenco la mantequilla cortada a daditos fría de la nevera, mezcla el azúcar y la harina con una espátula de madera o silicona. Mejor no tocarlo con las manos para no transmitir calor a la masa. Debe quedar una textura parecida a la tierra o arena de playa. Incorpora la pulpa de calabaza, mezcla bien y haz una bola con la masa. Mete en la nevera tapado con un film durante media hora.

Extiende la masa sobre un papel de horno y hornea a 180º durante 10 o 15 minutos. Cuando veas que se van dorando los bordes de la inmensa “galleta”, saca del horno y deja enfriar sobre una rejilla.

Cuando la galleta esté crujiente, trocea machacando con un mortero o la pícala en un procesador de alimentos para obtener una especie tierra. Reserva en un bote hermético que esté completamente seco para que no se ablande.

Montaje del vasito

Pon en el fondo del vasito elegido un poco de la compota de calabaza que tenías reservada. Una vez fría queda muy compacta, casi como un membrillo.

Rellena el vasito con la crema de la manga pastelera hasta 2/3 del borde del vasito y añade el crujiente con unas pipas de calabaza por encima.

Si los vasitos son para llevar a un picnic, puedes optar por vasitos reciclables como el de la foto y montar la parte del crujiente in situ, justo en el momento de servir.